¿Alguna vez has oído “no hay que dar un paso atrás para tomar impulso”?

“Un paso atrás para tomar impulso…”

“Para tomar impulso.”

Solemos escucharla a modo de bravuconada. De esas veces que te enfrascas en una conversación entre amigos y termina pareciendo que estás en un reto para ver quién va más allá. Momentos en los que la testosterona rezuma por las orejas y titubear, dudar, recular… son síntomas de debilidad.

Quienes hayáis visto Regreso al futuro sabréis de qué os hablo. Esta frase, “no hay que dar un paso atrás para tomar impulso” sería el equivalente a la reacción de Marty McFly cada ve que le llaman “gallina”. Es la antesala a una bravuconada que, si te sale bien quedas como un campeón y si te sale mal quedas como un imbécil.

Regreso al futuro - Un paso atrás para tomar impulso en el sentido correcto - Enhamed coach

Regreso al futuro – Un paso atrás para tomar impulso en el sentido correcto – Enhamed coach

A veces merece la pena echar el freno de mano. Parar. Si estás revolucionado por la testosterona, rebajarla. Cuando estás desbordado por una situación, sopesar con frialdad. Si estás a disgusto con algo, o contigo mismo, reflexionar.

Porque la reflexión, la pausa y la meditación podrán retrasarnos, pero no nos precipitarán hacia el error.

Éste, el error, radicaría en la toma errónea de una decisión (también) errónea. Pero reflexionando rebajarás la tensión con que tomas una decisión y el margen de error, si bien no desaparece, se reduce.

No hay nada peor que el empecinamiento. Entonces dejamos de ser personas y nos convertimos en caballos desbocados. Con nervio, fuerza, sudor y visceralidad, pero sin lógica.

Nunca recomendaré a nadie recular o huir de una situación personal. Pero tan malo como huir, que no es la solución, es tirar para delante con la mente en blanco y la sangre inyectada en los ojos.

En esos momentos, (personales, de pareja o profesionales), conviene reposar. Pararse y meditar lo que estás haciendo, si te gusta lo que estás viviendo. Si quieres seguir ese camino o quieres tomar otro. Porque el cambio puede ser bueno, si es a mejor. Y esta mejora solo puede venir de la mano de la sangre fría y la reflexión. Sopesar lo bueno y lo malo de una situación y discernir el camino a seguir, si es que quieres seguirlo o lo prefieres cambiar.

Dejarte llevar por la inercia. Dejarte arrastrar por la inconsciencia y, lo que es peor, arroparte en la testosterona y en su bravuconada solo puede aportarte un placer inmediato, pasajero. Que suele preceder a estamparte contra una pared. Y según el golpe, quizás no te recuperes nunca.

Por eso te sugiero que, cuando estés en una huida hacia delante, cuando tu vida se tambalee, cuando no sepas qué hacer con tu matrimonio (amigos, o te sientas atrapado en tu trabajo…) no tires del (falso) orgullo. Sé humilde. Relájate. Rebaja tu tensión física y emocional, acude a un amigo, a un jefe o a un profesional que te aporte otra perspectiva. Sopésalo y sí, enfréntate a él, pero después de haberte parado para tomar impulso… en el sentido adecuado.

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