En los últimos años he realizado todo tipo de retos, desafíos y actividades…

Ha sido una verdadera aventura. Apasionante. Aventura que crece día a día, y cada día con más fuerza.

Pero os diré que mientras corría por las carreteras de Lanzarote, preparando el Ironman; O noche tras noche haciendo pausas en el ascenso al Kilimanjaro, cobijado en el refugio; O incluso descendiendo por el puente que terminaba en Mahattan en la Maratón de Nueva York. En todos esos momentos había escenas, flashes, que cruzaban mi mente a toda velocidad… Flashes más intensos todavía cuando nadaba, brazada a brazada para alcanzar la costa africana en abril de 2017, cruzando a nado el Estrecho de Gibraltar.

Esos flashes no han dejado de sorprenderme año tras año.

Más bien se han agudizado y multiplicado. Eran flashes de la natación. Cierto es que yo no echaba de menos «la natación» como tal. Mi vida era muy rica en experiencias, personas y emociones. Pero sí echaba de menos algo…

Por qué nado - Enhamed vuelve a competir - Berlín 2019 - Foto de Ramón Navarro Diario Marca - Enhamed - Natación

Por qué nado – Enhamed vuelve a competir – Berlín 2019 – Foto de Ramón Navarro Diario Marca – Enhamed – Natación

Ese instante en el que estás en el trampolín (los nadadores lo llamamos «pollute«) a punto de saltar al agua.

Creo, con sinceridad, que la natación de competición se reduce esencialmente al momento en el que estás subido al trampolín. El momento en el que el juez árbitro de salidas dice las palabras clave «Take your marks«. Tomen sus marcas… Y es que esa marca no se toma en el momento en el que te colocas en posición al borde del trampolín. Te colocas con todos los músculos de tu cuerpo en tensión, listo para saltar. La marca se toma horas, días… semanas antes.

Cada brazada, cada pesa, cada comida te acerca a esa marca.

Habrá quien diga que la natación se resume en «nadar lo más rápido posible durante la prueba en cuestión». Y en parte es así. Pero todo se decide en el instante en que tomas tu posición en el borde de un trozo de plástico. Instante en el que el más mínimo y leve movimiento, gesto, puede echar a perder toda la prueba. Ese instante en el que la más mínima duda mental o emocional puede desbaratar tu sueño y hacerte perder la oportunidad de dar lo mejor de ti.

Eso es lo que echo de menos. Es lo que he estado echando de menos en la «vida de civil».

Estoy en Berlín. El mismo sitio en el que batí un récord del mundo en 2011.

Camino por sus calles y entro por la puerta de la piscina… me siento diferente.

Esta piscina solía suscitarme nervios, inquietud, mucha desazón. Pero esta vez solo expectación. Ganas de competir.

Porque cuando compites nada más importa. Cuando estás en el instante del salto; cuando tu cuerpo despega del trampolín y vuelas hacia el agua… en ese instante nada más importa. Toda tu mente, tus emociones, tu espíritu están centrados al máximo. Cuando das las primeras brazadas y tu cuerpo se desliza por el agua sientes que todo está en su sitio. Pero en el momento en que decides acelerar y darlo todo, justo en ese instante en que aprietas los dientes y te limitas a seguir moviéndote… En ese instante descubres mucho de ti mismo.

Porque cuando aprieta el dolor; cuando crece el sufrimiento y se hace casi insoportable, siempre encuentras fuerzas en tu interior.

Para mi es una experiencia espiritual. Algunos pueden tacharme de decir tonterías pues para ellos el deporte es un modo para mejorar tus músculos y tus reacciones. Pero creo sinceramente que el deporte, la natación, son en cierto modo como la práctica de las artes marciales. Como decía Miyamoto Mushashi: «El buen practicante de las artes marciales ha de mantener ese espíritu incluso en su vida diaria, el respeto a los demás, el honor en tus acciones, la claridad de mente y estar alineado con tus principios es lo que hace que uno sea capaz de dar el golpe decisivo cuando se requiera». Y si lo dice aquel que no fue vencido en ningún duelo desde los 13 a los 29 años… creo que es relevante.

Por todo esto… si tuviera que deciros por qué nado…

Nado para permitir que ese yo interno que no asoma pueda salir a la luz. Ese yo que forma parte de mi y que no le importa ganar o perder, solo le importa ir al máximo y ver hasta dónde puede llegar el cuerpo. Hasta dónde pueden llegar el cuerpo, la mente y el espíritu.

El agua es vida, y yo nado para sentirme más vivo.

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