Una de las características esenciales de la especie que compartimos, la del ser humano, es que vivimos en Sociedad.

La Sociedad la compones tú, que me lees, y yo que te escribo. La componen los miembros de tu familia y los de la mía. La componen nuestros amigos; Los compañeros de trabajo; Los que te rodean en el Metro y millones de personas que nunca verás pero que están ahí. En Madrid, Canarias, en Alaska y Australia. Pero también las personas que llegan a tu vida, para irse de ella.

Hoy os hablaré de mi. O mejor dicho, del Enhamed que fui, de pequeño. Y de cómo vi el mundo, hasta que dejé de verlo y empecé a sentirlo.

Mi primer golpe de realidad, en mis carnes, fue perder la vista del ojo izquierdo. Digo “en mis propias carnes” porque antes había visto cómo le pasaba lo mismo a mi hermano… De testigo pasé a ser protagonista. Asombrosamente lo encajé bien, con naturalidad. Y, mientras pude, seguí haciendo mi vida. Pero ésta cambió. Entonces me gustaba jugar al fútbol, y seguí haciéndolo pese a no ver con un ojo. Ya no era lo mismo, al final solo jugaba de portero y, como tal, no era capaz de parar la pelota porque me faltaba la profundidad que te otorga la combinación de la vista con ambos ojos. Ni que deciros que mi carrera de portero se truncó inmediatamente después de la de jugador de campo.

Los demás niños empezaron a llamarme “tuerto” y otras cosas… No les faltaba la razón, pero sí sensibilidad.

Abandoné el fútbol e, inquieto como era, me volqué en otras aficiones. Entre ellas dedicar el tiempo a pasear y recoger todo lo que me fuera útil para construir casitas para pájaros. En el fondo sentía fascinación por todo lo que me rodeaba.

Hay personas que vienen a tu vida aportan todo lo que te tienen que aportar y se van - Enhamed de niño - Enhamed coach - Coaching - Mary Poppins

Hay personas que vienen a tu vida aportan todo lo que te tienen que aportar y se van – Enhamed de niño – Enhamed coach – Coaching – Mary Poppins

Alejado de los niños, mitad por su comportamiento, mitad porque uno, al sentirse rechazado, tiende al aislamiento acabé buscando refugio en una muchacha que trabajaba en nuestra casa. Se llamaba Mina. Cuidaba de mi. Casi me crió ella. Allí donde ella iba, iba Enhamed con ella. Hacía los recados y yo la acompañaba. Jugaba conmigo, me razonaba las cosas y me aceptaba como era. Hasta que un buen día su padre vino para recogerla y llevársela. Y con ella se llevó a una segunda madre cuando la arrancó de mi vida.

Vida que siguió cambiando, a pasos agigantados. Entonces llegó Mayca.

Justo antes de volar a Madrid para vivir en el internado de la ONCE.

Todavía no estaba ciego, por eso recuerdo su melena rubia. Ella me orientó y me sirvió de guía para hacer una transición hacia mi ceguera. Me enseñó a desenvolverme con naturalidad. Me quitó la vergüenza a pedir ayuda en la calle para orientarme. También a pedir a un tendero que me diga qué tiene en el mostrador. Podrán pareceros tonterías, pero para mi era una llave que me abría las puertas al mundo. Por último me enseñó a usar el bastón y a encarar la calle sin miedo. Sin miedo, con prudencia y una buena dosis de buen humor.

Hasta que desapareció de mi vida. Entonces tuve que volverme a centrar en mi propia existencia. Sin ella, a ciegas. Dando brazadas en el agua sin temer llorar porque el agua limpiaba las lágrimas de mis mejillas sin dejar rastro.

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Pero el tiempo…

El tiempo lo cura todo.

Y llegué a Madrid. Ya era ciego y vivía en el Paseo de la Habana, en el internado de la ONCE.

Entonces apareció Ramón, quien veló por mí en esos tiempos. Era mi monitor, pero yo sentía su aprecio y me trató como a un hermano pequeño. Siendo quien soy ahora diría mucho de él que me enseñó a nadar. Pero lo que más destaco de su labor y de su infinita paciencia conmigo fue tenerle como referente. Ramón me transmitió muchos valores: entre ellos esfuerzo y sacrificio…

Pero permitidme volver a Mayca.

Os he hablado de personas que en un momento dado llegaron a mi vida y en otro se fueron de ella.

Una de las mayores alegrías que he vivido fue cuando hice la presentación de IronMind en IMO. Instituto de Microcirugía Ocular de Barcelona… Entre el público asistente estaba Mayca. Lo supe cuando terminé y ella se me acercó para saludarme. Imaginad la avalancha de emociones y sentimientos que me pasaron por encima en menos de un minuto. En ese mes se cumplían 20 años desde que me había quedado ciego.

Ella se separó de un niño que daba sus primeros pasos con un bastón. Y volvió a ver a ese niño cuando presentaba un libro tras haber corrido un Iron Man. Tras cosechar una cantidad ingente de medallas nadando por todos los rincones del mundo.

Mayca podía sentirse orgullosa de Enhamed, pero Enhamed se sintió, entonces y siempre orgulloso de ella.

Agradecido por su voluntad, su corazón, su apoyo y su dedicación cariñosa. Un corazón generoso pendiente de un niño al que ayudó a aprender a ver sin sus ojos. Primero me ayudó a ver a través de los suyos, hasta que me enseñó a no ver con los míos.

Todo este escrito se debe a una de las citas de coach que publiqué recientemente:“Con el tiempo comprendí que la gente pasa por tu vida, te aporta lo que tiene que aportar, y se marcha”.

La publiqué el pasado martes, y confieso que, desde que lo hice, me quedé con la idea de escribir este artículo. A modo de catarsis. A modo de agradecimiento a la vida que te cruza con personas buenas. Personas que te dan todo sin que tú les pidas nada. Personas que calman tus ansias. Que curan tus heridas. Que comparten su amor contigo. Personas que te dibujan una sonrisa en el rostro y te enseñan que también se puede llorar, por alegría.

Es verdad que vienen y se van. Como Mary Poppins. Cumplen su función en tu vida. Aportan cuanto tienen o pueden aportar para que un niño tenga una referencia personal de un mundo impersonal. Para ayudarte a sentirte útil y enseñarte a serlo para con los demás. Viene,“te aporta lo que tiene que aportar, y se marcha”.

Ahora lo entiendo con felicidad. Me ha vuelto a pasar y sé que se repetirá. Pero como bien dice el título de este post…

“Explícaselo a un niño”.

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  • Lizbeth Mendoza dice:

    Con el tiempo has ido forjando tu propósito de vida, quizás antes no lo sabías y eras fuerte para ti, pero ahora, quien eres, ayuda a ser fuerte a otros, a tener otras perspectivas, a hacer y no sólo soñar. Te felicito, gracias por dar.

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