Hoy he publicado un post en mis redes sociales celebrando el Día Mundial de la Discapacidad.

En concreto he rescatado el primer post que utilicé para la nueva saga de citas de coach. En concreto uno que dice así: “Hay algo que limita más que una discapacidad, la incapacidad para aceptar a los demás”.

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Y tras publicarlo me he quedado pensando. Y el pensamiento lleva a la reflexión…

¿Qué es la discapacidad?

He merodeado largo y tendido haciendo cábalas y he terminado haciendo dos búsquedas que enseguida os explicaré:

Siempre que quiero analizar un concepto, una idea, parto por visitar el diccionario de la Real Academia Española. En serio, es muy útil acudir a la fuente y casi siempre te ayuda a comprender, por lo menos semánticamente, los conceptos. O cuando menos a no errar en su significado.

Sin embargo esta vez se me ha quedado corta su definición de discapacidad:

Discapacidad

  1. f (de femenino). Condición de discapacitado. –Y pone un ejemplo- “percibe una prestación por su discapacidad”
  2. f (de femenino). Manifestación de una discapacidad. Personas con discapacidades en las extremidades.

Es decir… si me ciño a la palabra “discapacidad”, entiendo que son personas con discapacidades en las extremidades que perciben una prestación por su discapacidad…

No termino de “verlo”.

Entonces he pinchado sobre la palabra “discapacitado”, cuya definición se acerca más a lo que entiendo por tal:

Discapacitado, da

  1. (de adjetivo). Dicho de una persona: Que padece una disminución física, sensorial o psíquica que la incapacita total o parcialmente para el trabajo o para otras tareas ordinarias de la vida.

“Una disminución física, sensorial o psíquica…”

Y ya me he centrado.

Entiendo la explicación. Mejor decir, “la definición”. No yerra y se ajusta en gran medida a la realidad. Aunque (y huyendo de eufemismos y de lo políticamente correcto) quizás habría estado más cerca de la realidad definirlo así: “Dicho de una persona: con una disminución física, sensorial o psíquica que la dificulta parcial o totalmente para el trabajo o para otras tareas ordinarias de la vida”.

Parece lo mismo.

Pero no lo es.

En la definición aportada por la RAE, ajustada a la realidad, no pretendo criticar, nos centramos en la idea de que “padece”.

Ese “padece” se convierte en el centro neurálgico de la definición.

Pasa desapercibido, pero a la postre nos lleva a “compadecernos” de dicha discapacidad. Es el peso del lenguaje. Está bien definida, insisto. Se ajusta a la realidad, pero imprime cierta carga (involuntaria) de compasión que lastra al resto de la definición.

Quizás porque quienes la definieron en su día no padecían y sí se compadecían de quienes “padecían” una discapacidad. Esto es, agrega una carga emocional a algo que debería ser una definición neutra, sin valoraciones. Un hecho objetivo que se podría reflejar usando la preposición “con” y asunto arreglado: “persona con una disminución (…)”.

Reitero mi insistencia: no se trata de un post reivindicativo ni pretendo cargar contra la excelsa labor de la RAE.

Apunto tan solo al valor semántico de las palabras. A su carga significativa y cómo una definición puede condicionar al lector con una carga emocional… “que padece…”.

Y es cierto que padece, en mi caso concreto, “padezco” la ceguera. Pero si la padeciera por definición sería un lastre insoportable. Sería el equivalente a comprender que yo, que soy ciego, padezco la ceguera. Y siendo así, hago que tú te compadezcas.

Pero no.

Ya os he dicho un millón de veces que yo “gané la ceguera”. Y no deseo que nadie me compadezca por ello. Quedarme ciego me cerró muchas puertas, cierto. Pero me abrió otras tantas.

El hecho objetivo es el mismo: una discapacidad. La ceguera. La interpretación es bien diferente. Si padezco me compadezco y así sí me vería obligado a culparla por todo lo malo de mi vida. Sin embargo en el Día Internacional de la Discapacidad deberíamos reflexionar para aprender a entrever el aspecto positivo de cada cosa. Si no veo, visualizo. Si no padezco, disfruto y en mi ceguera he aprendido a competir. A luchar contra las barreras, físicas y psicológicas y a comprender que no hay más discapacidad que no creer en uno mismo.

Día Mundial de la Discapacidad - Ya os he dicho un millón de veces que yo “gané la ceguera”. Y no deseo que nadie me compadezca por ello. Quedarme ciego me cerró muchas puertas, cierto. Pero me abrió otras tantas - Enhamed - Coach

Día Mundial de la Discapacidad – Ya os he dicho un millón de veces que yo “gané la ceguera”. Y no deseo que nadie me compadezca por ello. Quedarme ciego me cerró muchas puertas, cierto. Pero me abrió otras tantas – Enhamed – Coach

Y os hablo de la RAE, como referente léxico para todos los españoles e hispanoparlantes, pero no creáis que mejora la definición si nos vamos a su definición según la ONU:

“Lo que significa ser discapacitado:

La discapacidad es una condición que afecta el nivel de vida de un individuo o de un grupo. El término se usa para definir una deficiencia física o mental, como la discapacidad sensorial, cognitiva o intelectual, la enfermedad mental o varios tipos de enfermedades crónicas”.

En este ejemplo vuelvo a insistir: ambos autores (hable de RAE y ONU) brindan todo su apoyo y consideración al hecho de la discapacidad, cosa de agradecer.

La primera definiéndola y la segunda explicándola. Ambas de corazón y con la mejor intención. Pero quizás la carga semántica, ceñida a la realidad, podría darse la vuelta procurando conceptos y valoraciones (si éstas últimas fueran necesarias) optimistas y positivas. Para que el “padecer” no nos arrastre al “compadecer”.

Es cierto que “celebrar días” es un modo interesante para concienciar de hechos que de otro modo podrían pasar desapercibidos. Pero la Sociedad no avanza poniendo fecha a la solidaridad ni a la conciencia. Avanza asumiendo las diferencias como enriquecedoras. Las discapacidades como oportunidades para entrever el coraje particular y de la misma Sociedad.

Insisto: una discapacidad es un hecho objetivo. Pero en cómo la queramos entender radica el éxito de la integración de quienes “la padecen” y, sobre todo, de quienes nos compadecen.

Cuando la vida te cierra una puerta te abre otra. Solo tienes que buscarla.

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