Creía que nuestra amistad era desinteresada y sincera. Ahora veo que estaba completamente equivocado

Todos hemos vivido esta experiencia, y todos hemos sentido esta sensación de vacío alguna vez en nuestras vidas. Cuando te sientes defraudado por alguien a quien valorabas y cuya respuesta no ha estado a la altura de tus expectativas. Todos la hemos vivido… y si no lo has vivido todavía, tranquilo porque la vivirás.

Siempre habrá quien te dé un antídoto infalible contra la decepción: “no esperes nada de nadie y nadie te defraudará”.

Esta fórmula (muy extendida) es tan rotunda como triste y falsa.

Es imposible no esperar nada de nadie. Como humanos que somos, basamos nuestras relaciones en la confianza. En la confianza mutua. Sea por interés: entre familiares, amigos o profesionales, sea cual sea tu motivo. La confianza es única y se tiene o no se tiene. Pero cuando te abres a alguien y depositas tu confianza en esa persona, generas (de un modo inevitable) expectativas sobre su respuesta. Su comportamiento, sus opiniones y si me apuras, hasta de sus sentimientos.

La interacción entre las personas tiene un nexo de confianza que, agotado o defraudado, provoca decepción

Decepción…

Cuanto más apuestas por alguien, cuanto más te abres a esa persona y mayor es tu confianza generaa un ámbito de interacciones que penden de un hilo muy fino, la confianza. Cortado el hilo se desploma todo y cuanto mayor haya sido tu confianza, mayor será tu decepción.

La vida es aprendizaje. Y todo lo malo es bueno si sabemos entresacar lo positivo de la situación

Una decepción suele venir precedida por gestos, detalles, silencios y ausencias…

Por lo general, mientras se barrunta “el corte de ese hilo” y mientras la otra persona emite señales imperceptibles que tendríamos que saber interpretar para comprender que algo falla. En el mejor de los casos, reconduciremos la situación, la relación o el compromiso. Si todo esto fuera imposible nos quedaría el buen sabor de boca de haberlo intentado. Si no hay marcha atrás, estaremos medianamente prevenidos para que el impacto no nos sacuda y deje sin respuesta.

Cierto es que cuanto mayor es tu confianza en alguien menor es tu expectativa de ser defraudado, y mayor la decepción. Piensa que, como poco, estas decepciones irán y vendrán a lo largo de nuestra vida y, aunque dolorosas, nos servirán para mejorar, incluso para madurar.

El remedio no es vivir en una “no espera” crónica, quizás hasta patológica.

Si no eres capaz de confiar en nadie quizás el problema sea que en el fondo tampoco confías en ti mismo

Puedes generar miedo a la decepción de tu respuesta interna, hacia tu propia persona, o en la externa hacia los demás. Estamos abriendo otro melón, el de la confianza en uno mismo, que ya lo tocamos en la primera entrada del blog: La fórmula del éxito”, por lo que no repetiré tema pero sí os invito a leerlo.

Hay que aprender a volver a confiar, aunque temeas que se repita tu experiencia.

La “no espera” que mencionaba arriba implica no albergar fe en nadie ni en nada. Esa puede ser una fórmula cortoplacista para quien se siente despechado, pero no puede ser un modo de vida. Sería un mal patrón de comportamiento, porque implica vacío y tristeza.

Vivimos para ser felices, y esa felicidad, muchas veces, radica en ser capaces de hacer felices a quienes te rodean, aún a riesgo de sufrir algún desengaño

Nuestra confianza es una apuesta.

Haremos mil apuestas en nuestras vidas: unas serán ganadoras y otras perdedoras. Deja que las primeras te ayuden a disfrutar la vida, y a mejorar tu intuición, las segundas.

Ante la satisfacción cabe seguir igual y/o mejorar tus pautas, tu comportamiento.

Ante la decepción, cabe interiorizar lo sucedido y aprender de ello.

Si te sientes decepcionado por alguien hazte estas preguntas:

  • ¿Qué he aprendido de mí mismo?
  • ¿Qué puedo hacer para pasar de página?

La respuesta nunca será Obviar el pasado y bloquear el futuro. Mira atrás, aprende de tus errores y procura que no te condicionen para tus experiencias futuras con amigos, familiares y compañeros. Aprender de lo vivido es un primer paso para mejorar tus expectativas de felicidad en la vida. Podrás ser mas prudente antes de abrirte a nuevas personas, pero nunca bloquearlas.

Una mala experiencia ha de ser la llave para un mejor futuro, no el candado para nuevas y mejores emociones.

También podríamos hablar del caso contrario… ¿Y si eres tú quien ha defraudado a otra persona…? Pero eso lo dejamos para otra entrada interesante en el blog.

Cerrar tu confianza a las personas de tu futuro sería también incurrir en una injusticia. harías pagar a las nuevas personas en tu vida por los errores cometidos por otras.

La vida es una lucha constante y no está exenta de golpes… y decepciones

Los tendrás, los tendré, los tendremos todos. Tenemos que aprender a encajar esos golpes y recomponernos cuanto antes, para ser dueños de nuestras vidas y sacar todo el jugo que nos ofrece.

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