En ocasiones nos preguntamos como nadadores, si merece la pena entrenar por conseguir una marca. Hay veces, que vemos como un compañero o rival consigue marcas sin haber entrenado tanto, sin haber sufrido cada día y cada metro, pero lo cierto, es que tarde o temprano, estas personas se queman como los insectos en una llama.
Cuando nos preguntamos, cuál es la manera de ganar, qué diferencia a esos grandes competidores y a todos los demás, qué hace especial a ese nadador que siempre le salen bien las cosas durante las competiciones importantes, la única respuesta es el entrenamiento.
Cuando tenemos un entrenamiento difícil, y no nos apetece hacer todos los metros, la tendencia de casi todos es, “bueno, por hoy no pasa nada si no hago todas las series, o todo el entreno”, y otra aún mejor, “como estoy cansado es mejor que no entrene, así no lo empeoraré”. –suele pasar cuando hemos salido, cuando hemos desfasado o simplemente cuando hemos pasado una mala noche o nos sentimos enfermos.
Pero es precisamente en esos momentos cuando debemos imponernos al cuerpo, debemos tomar las riendas de quiénes somos y decidir ir a entrenar, decidir hacer todas las series, decidir ir aún más fuerte aunque sepas que no puedes mejorar la marca. La siguiente serie tiene que ser mejor que la anterior, sea como sea.
Esa es la voluntad de ganar. No tiene nada que ver con ningún poder especial ni con nacer con algo que los demás no tienen, es algo que se entrena, que se prepara cada día. Es una cualidad más como la flexibilidad, la resistencia o la potencia, sin esa voluntad de hacer todo lo posible hoy, no existe la victoria. Puede que durante un par de años mientras seas el mejor con diferencia de tu categoría te vayan bien las cosas, pero la verdad es que tarde o temprano, vendrá uno con talento pero que además ha decidido entrenar cada día a saco.
No se trata de reventarse incluso en los metros de técnica, no es eso, sino tener la voluntad de querer mejorar en cada ejercicio. Que el entrenador te pide que hagas las ocho series a un ritmo, no pasa nada si te arriesgas por encima de lo que te piden. Que un día sientes tu cuerpo como si le hubiera atropellado un tren, no dejes que te gane, vete a la piscina, tírate y demuéstrale qué eres tú quien hace tu vida.
La realidad fundamental de todo esto, es que nos dejamos llevar muchas veces por razones que apoyen el inmovilismo y si lo piensas tranquilamente, el inmovilismo no fue lo que te hizo aprender a nadar, ni conocer a tus amigos, ni irte de viaje, ni pasártelo bien. Incluso cuando sales de fiesta, no sales pensando, bueno, a ver si encuentro una silla, me siento y dejo pasar la noche, porque total, que más da, ya saldrán las cosas, las copas vendrán a mí, las chicas o los chicos vendrán a mí, en fin, que si no hago mucho esfuerzo y saco de vez en cuando la cartera, todo irá bien.
Si sabes que no funciona con las cosas que quieres, no permitas que esa costumbre se instale en tu entrenamiento diario.
Somos deportistas que trabajan mucho, desde pequeños vamos todos los días a entrenar, entrenamos a horas que nadie entrena, entrenamos a horas que nuestros amigos se lo pasan bien, entrenamos a horas que nuestra familia ni si quiera se han despertado, entrenamos en días que nuestros amigos y parejas se van de viaje, o de fiesta, entrenamos en días que se supone que tenemos que descansar porque nos encontramos mal, sufrimos con nuestros compañeros en series interminables en las cuales a veces no le vemos el sentido, hacemos horas y horas pensando, qué bien estaría en mi casa.
Pero cuando compites, y llega ese día especial, en el que tienes buenas sensaciones, te subes al poyete, te dan la salida, te tiras, lo das todo y cuando llegas ves el crono, y te dices a ti mismo, ¡toma, toma, toma, tooooooma!
¿Qué más da todo lo anterior? Has ganado una cosa por la que la gente paga y a veces ni siquiera encuentra, satisfacción personal, sentirte bien con lo que haces, saber que eres capaz y encima disfrutar con ello.
Por todo esto, creo que es imprescindible que en cada momento de nuestro entrenamiento nos preparemos para ser los mejores en lo que hacemos. No se trata de imaginar que tu nombre pasará a la historia como el que batió todos los récords, sino algo más sencillo, más inmediato. Se trata de la voluntad de esforzarse en hacer nuestro mejor registro en todas las cosas, ya sea en una serie de entrenamiento, en una competición o incluso en un ejercicio en el gimnasio.
Es una actitud ante la vida, y nosotros somos tremendamente afortunados por poder poner en práctica cada día todo lo que sabemos y todo lo que somos. Tenemos un crono que nos dice si mejoramos, pero también tenemos un entrenador que nos dice si nos esforzamos. Y por encima de todo esto, tenemos una parte de nosotros que cuando damos lo mejor, nos reventamos en el entreno y llegamos a casa, te sientes bien contigo mismo. Esa es la verdadera recompensa, mientras otros se lamentan, tú te esfuerzas, mientras otros no hacen, tu entrenas y mientras otros sienten que su vida pasa sin más, tú sabes que eres el verdadero protagonista de lo que vives.
La natación tiene mucho valor. Valor por el esfuerzo que nos supone, valor por la cantidad de cosas que dejamos, pero sobre todo valor por quienes nos hace ser.
La natación es nuestra forma de vida y se merece que cada día, demos todo lo que podamos. Si no te salen las cosas, que jamás nadie pueda decir que es porque te has rendido o no has trabajado.
Si conviertes tus deseos de ganar en entrenar más duro que nadie, ten por seguro que siempre serás esa persona especial de la que todos hablamos y que pocos comprenden.
Serás un gran nadador.